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Temblores leves sorprenden a la capital: ¿qué pasó en la noche del sábado?

Temblores leves sorprenden a la capital: ¿qué pasó en la noche del sábado?

El suelo de la Ciudad de México volvió a temblar este martes, aunque esta vez con movimientos casi imperceptibles para la mayoría de sus habitantes. Tres microsismos sacudieron distintas zonas de la capital en un lapso de dos horas, confirmando una vez más la actividad sísmica recurrente que caracteriza a la metrópoli, asentada sobre un terreno complejo y en constante movimiento.

El primer evento se registró a las 18:50 horas, con una magnitud de 1.6 en la escala de Richter. Su epicentro se localizó en la alcaldía Iztapalapa, una de las zonas más densamente pobladas de la ciudad, donde el sismo alcanzó una profundidad de apenas tres kilómetros. Aunque su intensidad fue mínima, la cercanía a la superficie pudo haberlo hecho perceptible para algunos residentes, especialmente aquellos en edificios altos o en áreas con suelos más blandos.

Tan solo un minuto después, a las 18:51 horas, un segundo microsismo —aún más débil, con magnitud de 1.4— se originó en la misma alcaldía, aunque las autoridades no detallaron su profundidad exacta. Este patrón de réplicas inmediatas no es inusual en la capital, donde la interacción de fallas geológicas locales y la antigua red de lagos que alguna vez cubrió el valle generan condiciones propicias para estos fenómenos.

La secuencia continuó cerca de dos horas más tarde, cuando a las 20:50 horas un tercer movimiento, esta vez de magnitud 2.2, sacudió la alcaldía Benito Juárez. Con un epicentro a solo un kilómetro de profundidad, este sismo fue el más intenso de los tres, aunque su impacto se limitó a una ligera vibración en algunas colonias de la zona. Vecinos reportaron en redes sociales haber sentido un «jalón» o un «golpe seco», típico de los microsismos superficiales que suelen percibirse como un breve sacudón en lugar de un balanceo prolongado.

Hasta el momento, las autoridades capitalinas no han reportado daños materiales, afectaciones en infraestructura ni víctimas a consecuencia de estos eventos. Sin embargo, los microsismos sirven como recordatorio de la vulnerabilidad sísmica de la ciudad, donde incluso movimientos de baja magnitud pueden generar alarma entre la población, especialmente después de experiencias traumáticas como los terremotos de 1985 y 2017.

Expertos en sismología han señalado que estos fenómenos son parte de la actividad normal de la Cuenca de México, una región con múltiples fallas geológicas menores que liberan energía de manera constante. A diferencia de los sismos de mayor intensidad, originados en las costas del Pacífico, los microsismos locales suelen ser más frecuentes pero menos destructivos, aunque su proximidad a la superficie los hace más perceptibles en áreas específicas.

La Coordinación Nacional de Protección Civil y el Servicio Sismológico Nacional mantienen un monitoreo permanente de la actividad en la región, aunque en este caso no se emitió ninguna alerta sísmica, ya que los sistemas están diseñados para detectar movimientos de mayor magnitud que representen un riesgo real. Aun así, especialistas recomiendan a la población mantenerse informada a través de fuentes oficiales y revisar periódicamente los protocolos de emergencia, especialmente en zonas con antecedentes de microsismos recurrentes.

Para muchos capitalinos, estos eventos pasan desapercibidos, pero para otros —particularmente quienes viven en edificios antiguos o en áreas con suelos inestables— cada pequeño temblor reactiva el instinto de precaución. La memoria colectiva de la ciudad, marcada por desastres pasados, hace que incluso los sismos más leves generen una mezcla de curiosidad y preocupación. Mientras tanto, la tierra bajo la Ciudad de México sigue moviéndose, recordando que, en esta metrópoli, la calma siempre es relativa.

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